LABOR DEL EDUCADOR:
El
educador debe estar abierto a la posibilidad de que dentro de su grupo haya
estudiantes con visión baja e incluso ceguera, por lo que es recomendable que
conozca y considere desde el inicio de ciclo escolar la aplicación de pruebas
estandarizadas y escalas visuales.
El
profesor puede afrontar la discapacidad a partir de 2 situaciones:
·
Encontrar al alumno deficiente visual
previamente evaluado y con un dictamen de escolaridad que propone modalidad de inclusión
escolar definiendo las NEE y relacionando los recursos de apoyo (profesionales
y áreas específicas)
· Detectar problemas de visión en alumnos.
Se trata de observar conductas y signos en el comportamiento del alumno (atención,
abordaje, y ejecución de la actividad escolar, situaciones de interacción
social) a partir de la sospecha de la presencia de la dificultad visual.
El
educador tiene como compromiso ayudar a que el alumno con baja visión o ceguera
desarrolle sus capacidades y habilidades para que logre ser una persona
autónoma con una vida lo más normal
posible; para ello el educador deberá:
· Apoyarlo para que pueda desarrollar el
resto de sus habilidades para que cuando está en movimiento pueda mantener en
el máximo el resto de sus sentidos para recoger toda la información posible del
entorno en que se mueve y saber interpretarlo.
· Establecer con él un vínculo desde lo
personal y lo académico y no desde el déficit. Esto le permitirá sentirse igual que todos sus compañeros.
· Potenciar sus percepciones táctiles,
auditivas y cinestésicas.
· Permitirle autonomía. No ayudarle si no
lo necesita. Hacerle ver sus posibilidades reales.
· Estimular la utilización de todos los
sentidos, sobre todo tacto y oído.
· Trabajar sobre objetos y situaciones de
la vida real.
· Verbalizar todas las situaciones
utilizando un lenguaje concreto.
· Realizar ciertas modificaciones organizativo-didácticas
que pueden resumirse en los siguientes puntos:
-Hacer uso de medios alternativos a los
usuales para el cumplimiento de los diferentes objetivos curriculares.
-Atender, en cada momento, al ritmo con
que el alumno realiza las diferentes tareas escolares.
-Permitir la instalación en el aula de
instrumentos y material didáctico específicos.
-Verbalizar cuanto escriba en la pizarra.
-Reiterarle la presentación de
información.
-Ser flexible en la elección de los
sistemas de evaluación.
-Animar al alumno a la participación en
clase y a la interacción con sus compañeros.
-Considerar al profesor de apoyo como un
elemento esencial dentro y fuera del aula, con el que ha de cooperar y
coordinarse continuamente.